En 1934 se estrenó en la pantalla grande El compadre Mendoza del director mexicano Fernando de Fuentes, basada en un cuento del escritor Mauricio Magdaleno.
Rosalío Mendoza es un rico terrateniente del sur de México que, a toda costa quiere mantener su poderío económico y su influencia en la zona en que vive. Aunque para ello tenga que tener en la sala de su casona, colgado en una pared, un retrato de Emiliano Zapata, mismo que es cambiado por uno de Victoriano Huerta cuando la ocasión lo amerita.
El leitmotiv de este filme es el oportunismo, mismo que ha caracterizado a la rastrera clase empresarial mexicana del siglo XX y lo que va del XXI. Rosalío Mendoza es el prototipo de la clase empresarial que estaba formándose en esos albores del siglo XX en México: oportunista, rastrero, hipócrita, doble cara, sin escrúpulos, mentiroso, y asesino si es necesario...
Rosalío Mendoza igual recibe con un gran banquete a los revolucionarios zapatistas que a las fuerzas de Victoriano Huerta, que con mano dura peleaban contra los revolucionarios para reestablecer el orden dictatorial porfirista. Es el intermediario en la compra-venta de armas a los revolucionarios, a la vez que se beneficia a sí mismo y al gobierno de Huerta.
Esta cinta es una de las mejores películas mexicanas de antes que iniciara la famosa "Época de Oro". Visualmente, tiene claras influencias del naturalismo francés y del expresionismo alemán.
Además, el guion estuvo a cargo del escritor zacatecano Mauricio Magdaleno, basado en un cuento de su propia autoría.
Magdaleno formaría parte de uno de los equipos creativos más importantes del cine mexicano; junto al director Emilio "El Indio" Fernández y al fotógrafo Gabriel Figueroa realizarían filmes tan importantes para la cinematografía nacional como: Flor Silvestre (1943), María Candelaria (1944), Río Escondido (1947), Salón México (1948), Pueblerina (1948), La Malquerida (1949).
Una de las cosas que menos me gustaron de esta película fue el final. Creo que
cualquier persona que haya visto esta cinta estará de acuerdo conmigo. La película
no iba mal: un general del ejército mexicano; alcohólico, mujeriego,
autoritario, corrupto. Su esposa, que ha tenido que soportar maltratos e
insultos de su parte, lo abandona llevándose al hijo de ambos. Años más tarde,
el general manda fusilar a un grupo de agitadores, entre los que se encuentra
su hijo, a quien no veía desde que era un niño… se da cuenta de la barbaridad
que va a cometer cuando su exmujer se presenta ante él para pedirle no fusile al
hijo de ambos… hasta ahí, bien. Creo que se trata de una trama un tanto
convencional pero que funciona para mantener el interés en la historia contada,
además de la obvia crítica a lo corrompidas que suelen estar las fuerzas del
orden. En especial del periodo en que se desarrollan los hechos: el triste
periodo de gobierno de Victoriano Huerta que intentó dar marcha atrás al
proceso revolucionario y reestablecer el esquema de opresión del dictador
Porfirio Díaz.
El
Prisionero 13, del director Fernando de Fuentes, fue filmada en 1933; año
en que el proceso revolucionario entraba en otra fase. Don Venustiano y los
constitucionalistas habían legado la Constitución del 17; Álvaro Obregón había
sido asesinado y Plutarco Elías Calles aun llevaba las riendas del país, a
pesar de ya no estar sentado en la Silla. Se acercaba la etapa del General
Lázaro Cárdenas (1934), que ponía fin al Maximato de Calles e iniciaba el
Cardenismo, etapa decisiva que puso las bases del México moderno.
En 1933, el Presidente era Abelardo
I. Rodríguez, que era en realidad un peón de Calles. Ese año en que se filmó
esta película, el gobierno del nefasto Victoriano Huerta había quedado muy
atrás; sin embargo la crítica a un general del ejército a la que se hace
alusión en el filme, así fuera de un general huertista, molestó a las
autoridades militares, por lo que el director de esta película se vio obligado
a ponerle un final “tranquilizador” y así pudiera ser vista en la pantalla
grande. Aun así, El prisionero 13 sólo duró una semana en cartelera, en el Cine
Palacio de la Ciudad de México.
A pesar de este final inesperado
con el que se topa el espectador que por vez primera ve este filme, considero
que el Prisionero 13 es una cinta
fundamental para entender el devenir del cine mexicano y aun del proceso
histórico del México del siglo XX. El personaje del General Carranco es un claro ejemplo de sistema de opresión del régimen porfirista y en general de la arrogancia en que pueden caer los miembros de las fuerzas del orden en todas partes y en regímenes de las más diversas banderas políticas.